Este café que es famoso por las tertulias de principios de siglo, donde con un café se juntaban intelectuales y debatían sobre múltiples cosas, se ha quedado como un museo de si mismo, con unos precios inflados intentando vivir del rédito de una sociedad que ya no existe.
Y mientras tanto en otros locales de la capital te cronometran hasta el tiempo que tardas en tomar el café para que no ocupes mucho tiempo una mesa, y ya si te pones a tertuliar seguro que te echan por escándalo.
1 Comentario