Las fallas han pegado un bajón impresionante en los últimos años, precisamente cuando empezaron a hacerse famosas, hay exceso de gente y una comercialización abusiva de algunas de ellas.
Por lo general para disfrutarlas plenamente hay que pertenecer a algún Casal, o conocer a alguien que pertenezca a alguno, y no está de más saber Valenciano para entender los chistes.
Para el resto de la humanidad consiste en ver las fallas y las mascletás entre una muchedumbre abusiva de peña a pleno sol, irte a comer a la otra punta de la ciudad porque está reservado todo en la ciudad vieja, e intentar salir de fiesta por la noche a algún sitio en el que te dejen entrar, bien porque sea una caseta publica que no esté atestada, bien porque sea un garito que no esté atestado, y todo para que descubras que a las 7 de la mañana pasa la charanga tirando petardos, que con resaca es un placer inmenso.
Hace muchos años los Casals eran más abiertos, no iba tanta gente a las fallas, y eso les permitía ser más generosos, incluso alguna te invitaba a comer, a beber, o simplemente a echar la tarde tirando truenos, hoy en día es un negocio diseñado para timar a los incautos.
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