Le estamos dando a Ayuso una profundidad que ella no tiene. No tiene ideología. Ella es una marca y se deja llevar por tendencias. Ayer se declaraba atea y hoy que le ve beneficio político, de repente, es creyente. Mientras tanto a lo único que si venera, que es transferir dinero público al sector privado, se le permite por el simple hecho de ser popular.
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